¿Piensa que la Argentina ha tocado fondo y ahora va a empezar a crecer?
Ha habido una caída muy importante. Pero estamos observando de parte de algunos
clientes internacionales un interés creciente por aumentar las importaciones
argentinas. Por eso creo que ya se ha tocado fondo. De todas maneras, hay un
sentimiento irresponsablemente optimista transmitido por los gobernantes que
aseguran que no sólo se ha tocado fondo sino que se está empezando a salir.
Eso no es así. Creo que hemos llegado a una meseta, que será larga y se extenderá
hasta que la Argentina vuelva a ser un país normal.
–¿Estados Unidos piensa seriamente en una unión económica
americana?
–Hay interés por hacerla, se está negociando, pero lamentablemente
Estados Unidos se transforma en un país cada vez más proteccionista.
La senadora electa por Carolina del Norte, Elizabeth Dole, que es de la más
vieja estirpe republicana, es decir pro libre comercio, apertura y competencia,
basó su campaña en el proteccionismo, en las barreras arancelarias,
en aislar a Carolina del Norte de los peligros que traería aparejada
una asociación de libre comercio. Ganó las elecciones acusando
a su rival demócrata de fomentar el libre comercio. Estamos en una paradoja,
porque hasta los que históricamente fueron los buenos, ahora son malos.
Ése es el dilema al que se enfrentará la Argentina.
–¿Cuál sería el premio de dejar de lado al Mercosur?
–El beneficio principal es que la Argentina se acoplaría a un país
del futuro, y no a uno de futuro incierto. Pero también es posible sumar
al Mercosur más el Alca. El problema es que la Argentina ha supeditado
su política externa a un acuerdo que no marcha. Brasil es el Japón
de Latinoamérica en cuanto a política comercial, siempre ha funcionado
de allá para acá. Es muy difícil exportar productos a Brasil,
porque la cantidad de trabas es enorme. Además, toda la economía
brasileña es menor que la del estado de Texas.
| Un perfil de Otto Reich
Según Edwards, las últimas |
–¿Cuáles son, a su entender, los sectores qué pueden
incrementar sus exportaciones y transformarse en locomotoras de la economía?
–La Argentina tiene grandes riquezas en productos agrícolas, agroindustriales,
mineros. Pero tiene la desventaja que surge de estar muy lejos de los grandes
mercados, con excepción de uno declinante como es Brasil. Por tanto,
tiene que considerar esta dificultad geográfica y compensarla con una
infraestructura de primer nivel y una productividad más alta. Además,
la Argentina tiene capacidad tecnológica y una base de ingenieros de
mandos medios técnicos de primerísimo nivel, que podría
aprovecharse para producir manufacturas de carácter mediano e incluso
complejo. Pero, ¿cuándo ha habido en la Argentina una estabilidad
económica que durara lo suficiente como para justificar un emprendimiento
que se vuelva rentable en 30 años? Eso es lo que debe lograrse. De todas
maneras, no se puede saber a ciencia cierta de dónde van a venir las
nuevas exportaciones, el futuro hay que descubrirlo hacia delante. Sin embargo,
creo que pasará por la tecnología, los productos manufacturados
con cierto grado de elaboración, los agroindustriales, la minería
y la energía.
–¿Considera que la Argentina debe abrir su economía
totalmente, pese a que ni Europa, ni Estados Unidos, ni Japón lo han
hecho?
–La apertura económica puede traducirse como la búsqueda
de la eficiencia, es decir, de los incentivos para que las fuerzas productivas
den el máximo de lo que pueden dar. Utilizando una metáfora futbolística,
si uno no juega con equipos del más alto nivel, no se esfuerza, deja
de entrenar. Además, la apertura significa aumentar las exportaciones.
Sin embargo, primero se debe importar para ganar eficiencia. Eso genera un desequilibrio
tal que lleva a depreciar la moneda y así se establece un tipo de cambio
atractivo para las exportaciones. La Argentina, en cambio, se abrió a
las importaciones pero mantuvo el tipo de cambio fijo, se armó una brecha
gigante que fue financiada con deuda y cuando no se pudo pagar más se
declaró el default. Entonces, aparecen los que dicen que el país
debe cerrarse y buscar la salida en el mercado interno. Esto es imposible, porque
si bien la Argentina no es un país pequeño, tampoco es lo suficientemente
grande como para tomar una decisión de este tipo. La salida es la apertura.
Pero no hay que importar por importar, sino porque permite tener una productividad
más alta de las exportaciones.
–¿La Argentina le da al mercado asiático la importancia
que merece?
–No, como así tampoco a otros mercados potenciales. La Argentina
tiene la necesidad de descubrir nuevos mercados, incluso cuando no sean los
más glamorosos. Por ejemplo, el mercado de habla hispana de Estados Unidos,
está formado por 25 millones de personas con un ingreso per cápita
tres veces superior al de los argentinos y que poseen una admiración
enorme por la cultura argentina. Ahí es donde se debe apuntar. Las exportaciones
no deben pasar sólo por vender Luigi Bosca en los restaurantes de Londres
sino por captar todos estos nichos.
Con respecto al Asia, el problema es la distancia. Se calcula que 1.000 millas
(1.600 km) de distancia equivalen a que en el lugar de destino se aplique un
derecho de importación de 7% para los commodities y de 17% para los productos
manufacturados que necesitan una red de distribución más compleja.
Lo cierto es que ese porcentaje hay que suplirlo con productividad. Pero, de
todas maneras, lo importante es entender que hay que apuntar al mercado asiático
además del Alca y no en lugar del Alca.
–¿Cómo ve el futuro del escenario económico internacional?
–No se dará una deflación pronunciada. Que bajen los precios
en un escenario de pleno empleo no es preocupante. Otra cosa es que se produzca
una deflación con desempleo que es lo que se da en Japón. Esa
situación no la veo en muchos otros país; se habla de Alemania
aunque creo que exageradamente. De todas maneras, hay una gran cantidad de liquidez
en el mundo y un entendimiento técnico acerca de cómo solucionar
ese problema. En ese sentido, es muy interesante ver cuáles son las opciones
que le quedan a la Reserva Federal en el futuro con respecto a políticas
monetarias. Sólo tiene 120 puntos para bajar las tasas de interés,
pero aún posee un recurso que puede utilizar y que todavía no
ha utilizado: la compra de bonos de largo plazo. Hay en el mundo un stock de
bonos públicos de Estados Unidos de aproximadamente US$ 4 trillones.
El tema no es que haya falta de liquidez en el mundo, sino que gran parte de
la liquidez la está aspirando Norteamérica con su déficit
comercial de medio trillón de dólares al año. Esto hace
que se restrinjan recursos al resto del mundo. M
